Tradición

La historia de la Confitería Ortiz comienza a forjarse en los primeros años del siglo XX. Manuel Otero Moreno trabajaba por aquel entonces como maestro pastelero en la Confitería La Campana (Sevilla). Su yerno, Antonio Ortiz Torres-Pardo, que trabajaba en la emblemática “Confitería La Española” (situada en la calle Tetuán de Sevilla), fue llamado por Manuel Otero para entrar a formar parte también de los confiteros de “La Campana”.

Foto20Manuel Otero Moreno. Fundador de la Confitería en 1917.

Poco después, Manuel Otero decide cambiar su residencia a Cazalla de la Sierra, lugar que le enamoraba al poder practicar aquí una de sus grandes aficiones, la caza. En este bello pueblo alquila un pequeño local en la calle San Juan, hoy calle Antonio Merchán, para desarrollar su profesión de confitero. Se fundaba así la Confitería precursora de la tradición Ortiz en Cazalla. Corría el año 1917. Cabe destacar de esta época el trabajo junto a Manuel Otero de su esposa, Consuelo Vázquez Rosado, reputada pastelera cuya especialidad, los pestiños, tenían fama en la provincia. Entre los clientes de la época se encontraban los célebres hermanos Álvarez Quintero, cuyos encargos de pestiños eran enviados a Utrera. También se vendían en esta primera época chocolates que se adquirían en una de las primeras casas de chocolates de la época, la de Virgen de los Reyes (Sevilla).

Al cabo de cuatro años, en 1921, Manuel Otero convence a Ortiz Torres-Pardo para que se una a él en el negocio de la confitería de Cazalla. También participaba en la elaboración de los dulces la hija de Manuel Otero, María Otero Vázquez. El negocio empezaba a crecer y decidieron cambiar la ubicación de la confitería a la céntrica calle de Castelar (luego llamada Queipo de Llano para posteriormente recuperar su antiguo nombre de La Plazuela) y que hoy sigue siendo el actual emplazamiento de la confitería. En el nuevo local destacaba un precioso mostrador de madera realizado por Falcón y los productos se almacenaban en unos frigoríficos fabricados por la familia de “Los Pantorrillas” que aún se conservan. Se adquiere además la primera máquina de origen americano que llega a la localidad, máquina que 90 años después sigue utilizándose de forma habitual para nuestras elaboraciones.

Foto402º y 3ª generación, año 1940.

Durante la década de los años 20 del siglo pasado comienzan a realizarse algunas de las especialidades que hoy día siguen siendo las más reconocidas de la confitería, como son las lenguas, las sultanas, las glorias, las tortas de polvorón o los cortadillos. También corresponde a esta época una de las principales creaciones de estos maestros pasteleros, los besitos de almendra, producto de enorme tradición entre los Cazalleros/as. Se incorporan en esta época a trabajar en el negocio otros profesionales, como Antonio Corral o Antonio Diz.

Sin cerrar durante los duros años de la guerra, la confitería fue adquiriendo cada vez mayor fama dado el buen hacer de los maestros confiteros. Tartas, mazapanes, alfajores, helados y caramelos eran la delicia de los cazalleros y frecuentes eran los encargos de la época de personalidades de toda España, entre las que destacaban ministros y médicos notables.

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3ª generación, año 1955.

Tras el fallecimiento de Manuel Otero entraron a formar parte del negocio los tres hijos varones de Ortiz Torres-Pardo, Antonio, Manolo y Quini, que junto a su padre, continuaron con la tradición confitera de la familia a partir del año 1945. Eran tiempos de duro trabajo y la familia de confiteros dedicaba prácticamente todo el día a la elaboración de los productos. Es a comienzos de los 50 cuando otra de las creaciones más aclamadas de la confitería ve la luz, las célebres y exquisitas Carmelas. Para los eventos de la época se pusieron de moda las medias noches, suave y riquísimo bollito que se rellenaba de todos tipo de manjares. Comienza a trabajar en esta época la que se convertirá por muchos años en la dependienta de la confitería, Amadora Guillén.

En los años 60 se hacen muy populares los negritos, siendo un dulce protagonista en los habituales paseos que los niños y niñas de la época daban por el centro de la localidad. En la década de los 70 se incorpora al equipo de confiteros la cuarta generación, encabezada por Manuel Ortiz Mateo. Durante estos años la confitería continúa aumentando su popularidad introduciendo nuevas especialidades como los San Marcos, los palos de nata o los petisús. En esta década las Carmelas adquieren la fama que aún hoy conservan.

Durante la década de los 90 y la primera década del siglo XXI entran a formar parte de la confitería entre otros, Mila Lira, Antonio Ortega, África González y Luis Romero, siendo estos tres últimos aún hoy protagonistas en la confitería.

Tras el fallecimiento de Manuel Ortiz Mateo en 2013 queda al frente de la confitería la quinta generación, liderada por Ángel Ortiz -hijo de Manuel-, que manteniendo la mayor parte de las recetas trasmitidas de padres a hijos, conservan viva la tradición de la Confitería Ortiz.

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Fotos de tartas antiguas